Ancianos los de mis tiempos…


El Fugitivo

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Uno aprende a ser valiente cuando le ponen una navaja en el rostro y durante mi niñez el miedo aprendió a retroceder una vez al mes, del otro lado de la navaja estaba un honrado caballero, un adulto mayor en su impecable bata de trabajo, la correa de afilar, la espuma de jabón con su escobilla sumergida, la revista condorito.

Tuve el placer de ser atendido como un caballero por otro de generosos modales en una humilde barbería durante muchos domingos de mi pasado, de aprender a ser valiente frente a la navaja y sus manos temblorosas en mi rostro, de entender de sus modismos y sus modales en un local lleno de caballeros y gracias a ello conceptualice lo que era ser mayor y lo que sustentaba el “respeto a los mayores”, eran impecables, dentro de su gracia y hasta en su picardía había educación. Esa generación fue desapareciendo…

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