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Educar para el envejecimiento: Miedo a la Vejez, a la Soledad y a la Muerte


Miedos en la vejez

Miedo a la Vejez, a la Soledad y a la Muerte

Son los miedos, uno de los problemas que con mayor frecuencia padecen los adultos mayores. Pero, no estamos hablando de aquellos miedos lógicos, propios de la vida cotidiana, a los cuales todos, de alguna manera, e idenpendientemente de la edad, estamos sometidos.

Hablamos de miedos existenciales, difíciles de pensar racionalmente por cierto, e involuntarios de poder controlar, manejar y / o supervisar. Son aquellos miedos que desconciertan, y que vivimos bajo el signo de la amenaza.

Estos miedos irracionales, suelen amenazar a los adultos mayores con bastante intensidad, porque tienen que ver con cuestiones existenciales básicas de la vida en general, pero fundamentalmente, de cada una de sus vidas en particular.

Algunos de estos miedos están en relación con el paso del tiempo, con la idea de vejez, con la visión que nos ofrece la muerte de otros y, ahora sí como probable, con la idea de la propia muerte.

No podemos dejar de decir que estos miedos guardan siempre relación con la singularidad del sujeto, sus historias de vida, sus experiencias. No obstante, podemos de alguna manera generalizar una serie de miedos que este colectivo tiene muy presente.

El miedo al pasado es uno de ellos y pone en juego en el adulto mayor, aquellas cosas que no hizo o dejó de hacer, que no pudo hacer, o sin más, no supo hacer. Son las llamadas asignaturas pendientes o situaciones vividas de una forma que, el sujeto hubiese preferido vivir de otra.

Por otro lado, el presente también ofrece sus miedos al anciano. Por ejemplo, el miedo al  tiempo libre, al ocio, a no saber qué hacer con aquellos recursos con que dispone y / o, con la enorme cantidad de horas libres que ha dejado la jubilación o la falta de compromisos y obligaciones laborales. Es en estas incertidumbres, dónde se juega muchas veces otro implacable existencial, que es la culpa.

Si hablamos de tiempo no sólo debemos pensar en el pasado. El tiempo también implica ocuparse del futuro. Y todo futuro genera incertidumbres y miedos. El miedo al futuro debe leerse como el miedo a que en el futuro se deteriore nuestra salud, o el miedo a la pérdida de la autonomía y la independencia. El miedo al futuro es el miedo a la discapacidad, a la inmovilidad, a no poder decidir ya por ellos mismos, a depender de otro. A depender.

Los miedos son reacciones defensivas normales del organismo. Todos sentimos miedo. Los miedos nos sirven para ponernos en alerta frente a posibles peligros, situaciones desconocidas, etc.

En el adulto mayor, los miedos están presente con mayor o menor intensidad. La singularidad del anciano y su historia personal, junto al contexto dónde se encuentra inserto y las condiciones y calidad de vida que presente, influirán en esta intensidad y capacidad de sentir miedos.

En el adulto mayor, tomar consciencia del tiempo que le queda, aceptar su vejez, la propia muerte, genera miedos, pero también se generan modos de afrontamiento a esos miedos. Por supuesto reiteramos las características singulares del sujeto envejeciente y sostenemos el criterio, que es mejor hablar de vejeces que de la vejez.

Es bueno afrontar los miedos. No lo es negarlos o aislarnos o quedar inmóviles y paralizados frente a estos miedos que son existenciales y propios del ser humano. Negar los miedos, los transforma en fantasmas y perdemos potencia frente a ellos.

Aceptar la vejez, implica aceptar los cambios, las pérdidas, elaborar los duelos y tratar de compensar estas pérdidas con ganancias. La soledad en el adulto mayor, el aislamiento social, no contribuye a que podamos operar con eficacia, en el afrontamiento de estos miedos.

Una buena manera de prevenir y promocionar la salud, para ayudar a las personas a aceptar la vejez, sus cambios, sus transformaciones, pueda estar dado por educar para el envejecimiento.

El adulto mayor tiene miedo a la vejez, por la construcción imaginaria que la sociedad ha realizado sobre la misma. Para la sociedad, vejez, es sinónimo de enfermedad, de  discapacidad, de falta de autonomía. Trabajar entonces el concepto de vejez, trabajar los procesos de envejecimiento especialmente con la mediana edad, es una buena manera de afrontar los miedos que el miedo a la vejez genera.

Tener tiempo, disponer de mucho tiempo, puede generar aburrimiento, hastío, imposibilidad de saber qué hacer frente a ello. Mediante la educación para el envejecimiento, podemos trabajar, las distintas actividades que puede disfrutar el anciano, aún siendo anciano y a pesar de.

No se trata de llenar horas y horas, sino, encuentrar previo conocimiento de sus gustos y preferencias, aquellas actividades, que puedan estimular sus inquietudes y motivarle para producir. Sentirse creativo. Sentirse vivo. Esto reduce los miedos a la soledad, a la vejez, a vivir de manera rutinaria.

Presentar al sujeto envejeciente un proyecto, le asigna sentido y color a su vida. Estimula el deseo, produce cambios y transformaciones, que elevan su autoestima y mejora su narcisismo. Obviamente, poder disfrutar de una sexualidad plena, logrará efectos transformadores, vitales.

Pensar la muerte para el anciano es pensar ya, la propia muerte. No es la muerte de los otros, es la propia. Esto obviamente genera temor, angustia. Pero si podemos pensar la muerte como parte de la vida, desdramatizar, nos va a ayudar a que la muerte no sea un fantasma que acecha.

La muerte genera dos grandes miedos: cómo vanos a morir y si hay un después de la muerte. Pero considerar a la muerte como inherente y parte de la vida nos permite revalorizar el tiempo de vivir, frente al momento y el cómo vamos a morir.

Por supuesto, la situación en la que nos encontremos (solos, discapacitados, con fuerzas, etc.) nos va posicionando en distintos lugares y con distintas posibilidades frente al momento de la muerte.

La posibilidad de enfrentar la muerte evidentemente va a depender de cómo hayamos transitado las pérdidas vividas, de cómo hayamos podido elaborar los duelos y de cómo sea el contexto afectivo en el que nos encontremos inserto.

El miedo a la muerte requiere de nuestra parte una aceptación activa.

Que la muerte nos encuentre siempre generando nuevos proyectos y nuevas alternativas de vida es una buena forma de morir, nos permite alejar los fantasmas propios de lo desconocido y manejar estos temas “prohibidos y tabú” de la sociedad, con menos dramatismo.

Quizás la clave siga siendo trabajar los vínculos. Esos vínculos que tenemos que ir tejiendo desde el ayer, para tener un buen presente hoy sin que angustie tanto el mañana.

Finalmente, el miedo a la soledad en los adultos mayores es el miedo a sentirse solos. no hablamos del miedo a estar solos.

Suele suceder que la soledad esta vinculada a carencias de tipo afectivas, pero otras veces, la soledad da cuenta de ciertas fantasmáticas que rondan al anciano. La soledad puede ser un arma mortal. Va atrapando y encerrando a la persona, hasta que termina aislándose de todo. La soledad es un factor altamente predisponente de demencia en adultos mayores.

Y como combatir la soledad sino es con mas actividad, con actitud positiva, generando nuevos vínculos que a la vez, le permita al adulto mayor,  generen nuevos proyectos y posibilidades.

El adulto mayor debe procurarse espacios dónde poder hablar estos miedos. Ponerlos en palabras, tramitar la angustia y la incertidumbre que muchas veces genera el futuro inmediato.

Resulta muy útil que el adulto mayor se incorpore a grupos de reflexión con pares dónde poder trabajar sus miedos, los prejuicios, porque los grupos actúan como un gran sostén emocional, posibilitando alivio, mejorando los vínculos, el intercambio, disminuyendo la angustia.

A través de la experiencia del cuerpo que envejece y enferma, el anciano recibe un aviso de la muerte, en cuotas, a la que de alguna manera deja de considerar como algo abstracto para empezar a formar parte de una realidad omnipresente.

Se trata de vivir con la perspectiva de la muerte. Aceptando los cambios, las transformaciones. Nadie puede imaginarse un mundo sin él mismo, como mucho lo podemos imaginar con nosotros como espectadores.

Es tarea del anciano aceptar su realidad, para evitar que ésta, lo doblegue con un incremento desproporcionado de angustia. En este trabajo de aceptación, los profesionales de la salud, tenemos que ayudar. Pero primero, debemos trabajar, nuestra propia vejez, nuestros propios sentimientos de soledad y nuestra propia muerte.

En este aspecto también es muy importante, educar para el envejecimiento. La tarea psicoeducativa con el adulto mayor debe encararse no sólo desde el estado, sino por todos los profesionales de la salud, por la sociedad en general.

Estos miedos que nos angustian a todos no deben esconderse “bajo la alfombra”. Hay que trabajarlos.

Algunas propuestas para Educar en el Envejecimiento pueden ser:

1.- Incluir dentro de los programas escolares, Escuelas para Padres, dónde se pueda trabajar con los adultos y con los niños, las temáticas del envejecimiento.

2.- Realizar Talleres, Capacitaciones, Cursos, en Instituciones públicas, barriales, para trabajar la problemática del envejecimiento.

3.- Incluir dentro de las carreras de grado, pregrado, de todas las profesiones, la temática del envejecimiento y del adulto mayor, para trabajar con los adultos, mediana edad y público en general, las problemáticas que observa el envejecimiento y la ve3jez.

4.- Producir una verdadera revolución socio cultural, dónde se pongan a trabajar todos aquellos temas que la Sociedad considera tabú o en su defecto provoquen miedos y amedrentamiento respecto a la vejez, la soledad, la muerte, la discapacidad, entre otros.

5.- Establecer políticas públicas activas, campañas publicitarias, con el Estado, Asociaciones, ONG., Clubes barriales, otros, en relación con estas problemáticas y otras que pudieran surgir.

6.- Establecer programas de relaciones intergeneracionales, que apunten al fortalecimiento de los vínculos entre personas con edades diferentes, humanizando las relaciones y tramas vinculares entre sus participantes.

 

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2 respuestas a “Educar para el envejecimiento: Miedo a la Vejez, a la Soledad y a la Muerte Deja un comentario

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