El Internet y los mayores de hoy

Internet y personas mayores

La televisión, el periódico y el teléfono juegan un papel más importante que nunca en la vida de las personas mayores,  significa poder leer, ver y escuchar.

Las comunicaciones móviles con computadoras de mano y las conexiones rápidas a Internet ofrecen oportunidades adicionales. De hecho el Internet también está ganando importancia para las personas mayores. Existe gran potencial, pero el diseño de seguimiento de las nuevas versiones de las antiguas cadenas telefónicas está claramente ausente. ¿Por qué no idear una manera de jugar al bridge a distancia, por ejemplo?…

Lo anterior se escribía hace unos años, pensando en como las telecomunicaciones pueden ser importantes para un sector creciente de la población. Hoy es una realidad.

En el año 2013 se encontró que las personas mayores así como personas con discapacidad, interactuaban  cada vez más en línea. Ya que la disposición de los sitios de redes sociales para satisfacer su deseo de participación  junto con su disposición como usuarios para maximizar el potencial de las interfaces y la arquitectura de la plataforma, han dado paso a la integración de los mayores en estas “nuevas tecnologías”.

Así que de hecho las redes sociales en línea tienen algo positivo para las personas mayores. De hecho, además de esta participación social, de acuerdo con un artículo publicado en el año 2014 la alfabetización digital puede ayudar a reducir el deterioro cognitivo entre las personas de entre 50 y 89 años. Los mayores de hoy que saben como usar un correo electrónico, realizar llamadas por Skype o utilizar el  Facebook, What’s App o cualquier otra red social tienen ventaja en el aspecto cognitivo.

Pueden existir cosas negativas en torno a las redes sociales, claro está, pero hay que verle lo bueno al asunto…

 

Fuentes:

 

Baker, Paul M.A; Bricout John C.; Moon Nathan W.; Coughlan,Barry  y Pater, Jessica (2013). Communities of participation: A comparison of disability and aging identified groups on Facebook and LinkedIn, Telematics and Informatics,Volume 30, Issue 1, Pages 22-34, ISSN 0736-5853, Disponible en: http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0736585312000287https://doi.org/10.1016/j.tele.2012.03.004.

Universidad de Lund (s/a) .Elderly People and Design. Publicado por el Departamento de Ciencias del Diseño, Instituto de Tecnología de la Universidad de Lund, Suecia.

 

Xavier, André J.;  d’Or,Eleonora; de Oliveira,Cesar M.; Orrell,Martin; Demakakos, Panayotes; Biddulph, Jane P. y  Marmot, Michael G. (2014). English Longitudinal Study of Aging: Can Internet/E-mail Use Reduce Cognitive Decline?, The Journals of Gerontology: Series A, Volume 69, Issue 9, September.  Pages 1117–1121, Disponible en: https://doi.org/10.1093/gerona/glu105

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Mayores de hoy: Marilyn Sheldon. Ella cambia el paradigma.

Marilyn Sheldon ama a los cachorros. Ella ha tenido 20 de ellos. Pero tan pronto como se convierten en adultos, son retirados de este Super Senior y a ella no le importa…

 

 

Origen: Super Senior: Marilyn Sheldon

El dolor físico y su relación con la soledad

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En un estudio realizado a poco más de 1,500 personas mayores se encontró que existe una relación entre el dolor crónico y la soledad en la gente mayor.  Los investigadores estadounidenses afirman que  el dolor es un problema importante para muchos adultos mayores, pero las consecuencias sociales del dolor siguen siendo exploradas inadecuadamente, así que realizaron este estudio, el cual  muestra que el dolor constante se asocia significativamente con el inicio de la soledad en una muestra de adultos mayores que viven en la comunidad, independientemente de las variables potencialmente confusas.

Si bien las investigaciones anteriores han establecido la soledad como un factor de riesgo para el dolor, este estudio sugiere que el vínculo entre los dos también puede ser en la otra dirección: el dolor puede aumentar el riesgo de soledad. El dolor en solo un año no se asoció significativamente con la soledad en el seguimiento, lo que sugiere que la asociación puede no ser significativa para el dolor a corto plazo o temporal. Más bien, el dolor que es constante durante largos períodos de tiempo parece ser un factor de riesgo para la soledad.

De acuerdo con los investigadores de las Universidades de Georgia y Kentuky, hay una serie de explicaciones potenciales para asociar al dolor con la soledad. Puede ser que los adultos mayores con dolor limiten su compromiso social fuera del hogar debido al dolor físico, prefiriendo permanecer menos activos en su hogar. También puede ser que la medicación para el dolor produzca efectos secundarios que podrían inhibir el compromiso social, como letargo o náuseas.

¿Qué hacer ante esto?

 

Los investigadores recomiendan que los miembros del equipo de atención a personas mayores con dolor (incluidos trabajadores sociales, médicos, psicólogos y enfermeras) deben considerar sus resultados de salud psicosocial, no solo sus resultados físicos. Si el dolor de un paciente o la medicación para el dolor parece restringir su compromiso social, puede ser importante remitirlo al compromiso social de otras fuentes, incluidas llamadas telefónicas o programas de visitas amigables en el hogar. Debido a que el enlace es consistente incluso para aquellos que no pueden ser considerados vulnerables a la soledad (por ejemplo, personas casadas), es importante que los proveedores de atención médica aborden la soledad incluso para los adultos mayores que parecen tener redes sociales implementadas.

Además de aliviar una fuente potencial de sufrimiento, la identificación y la orientación de las intervenciones para el dolor pueden prevenir la soledad futura, lo que a su vez podría prevenir el deterioro funcional, la discapacidad y la mortalidad prematura. Por lo tanto, identificar e intervenir tanto en el dolor como en la soledad es importante para la calidad de vida individual y para la salud pública en general.

Fuente:

Emerson, K., Boggero, I., Ostir, G., & Jayawardhana, J. (2018). Pain as a Risk Factor for Loneliness Among Older Adults. Journal of Aging and Health, 30(9), 1450–1461. https://doi.org/10.1177/0898264317721348