cuidando a un adulto mayor

De acuerdo con la Sala de Prensa del Vaticano, organizado por la Academia Pontificia para la Vida y la Cumbre Mundial de Innovación para la Salud (World Innovation Summit for Health WISH), en los días 11 y 12 de diciembre, se realiza, en el Augustinianum de Roma, el simposio internacional “Religión y ética médica: Cuidados paliativos y salud mental durante el envejecimiento”.

Cultura del descarte

Dijo Mons. Paglia que los dos temas escogidos para este Congreso son importantes para el futuro de nuestras sociedades y no solo para la asistencia sanitaria, “porque los enfermos y ancianos son considerados como personas que no tienen nada más que ofrecer”.

“No sirven, son un peso para nuestras sociedades que hacen de la eficiencia un mito absoluto”.

“El simposio que comienza mañana, -destacó el presidente de la Pontificia Academia para la Vida- combina dos cuestiones importantes para el futuro de las políticas sanitarias en muchos países del mundo y no solo de Occidente.

Por un lado, asistimos a un envejecimiento creciente de la población; por otro, la difusión de una cultura de eutanasia, porque los enfermos terminales y las personas de edad avanzada son considerados descartables en un mundo centrado en el beneficio y la economía, y las políticas sanitarias generalmente dan ocasión a una mentalidad contabilista”. (JSG)

Origen: Vaticano organiza Simposio Internacional sobre Cuidados Paliativos y Salud Mental en la Vejez

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Inició la mañana, me dirigí a ella como de costumbre – ¡Hola, buenos días! es hora de despertar – le di un beso y con cuidado la tomé entre mis brazos, es frágil y hay que sentarla poco a poco. Me di cuenta que estaba mojada así que fui por un pañal nuevo y toallitas para limpiarla. Nuevamente le hablé y le dije – Voy a cambiarte, estás mojada, vas a quedar bien limpia – le di un beso y continuamos. Con mucho cuidado le quité su ropa y su pañal, con cariño la cambié.

Era hora de desayunar, así que la tomé suavemente para llevarla a comer, le dije – Es hora de desayunar– Le di un beso y poco a poco le di de comer. Terminó el desayuno, le limpie su boca y la coloqué en su silla, la acomodé muy bien para que no estuviera chueca, le cubrí sus piernas y la llevé a la parte de la casa en dónde hace más calor por las mañanas, pues estos días fríos hacen que sus pies se enfríen muy rápido.

–Vamos al solecito, por qué hace frío– Le di un beso y fuimos.

Ví que estaba incómoda y quería cambiar de posición así que la lleve a otra habitación a colocarla sobre el colchón, con suavidad le indiqué que la levantaría y que iríamos al colchón, la acosté y se quedó dormida. Le di un beso.


Así son mis días, cuidándola. No son sencillos, pero al verla sonreír me motivo. Pues no solo la cuido a ella, sino a otras personas también. Cada día que pasa pienso en como pueden confundir a una persona mayor con un bebé, encuentro similitudes en los cuidados, más no en el lenguaje, ni en muchas otras cosas. Que quede claro que el amor que se le tiene a una persona mayor (sea tu padre, tu madre o abuelo o abuela… etcétera) no se elimina por hablarle como siempre los haz hecho. Por que si hay una similitud entre cuidar a un bebé y a una persona mayor esa es el amor, eso es lo que se parece. Debiéramos de tratar con el mismo cariño y afecto a un bebé y a un anciano. Eso es lo que es igual.

No, las personas mayores no son como niños. Pero debemos de tener ese amor que les damos a los pequeños, presente en nuestro trato con los mayores, más no minimizarlos, no infantilizarlos.

Así son mis días cuidando a mi hija pequeña. Ella me ayuda a pensar, en cómo quiero que me cuiden, si es que me veo en esa necesidad. Una niña de meses de nacida me ha puesto a pensar en eso. Pienso en que es un ser humano indefenso, que requiere que yo esté para que pueda vivir y que eso es lo que una persona mayor con dependencia también necesita, que mi lenguaje con ella debe de ser respetuoso y amoroso, aunque no me entienda, y eso es lo que una persona con demencia también necesita. Ella me hace ver que debo de avisarle lo que haré con su pequeño cuerpo, si es que la levantaré, la cambiaré o la acostaré…eso es lo que una persona mayor con dependencia necesita…. Esas son las similitudes entre un bebé y alguien mayor que requiere ayuda, esas y quizá algunas otras, pero nunca lo será su nivel cognitivo, su lenguaje, su experiencia de vida, su historia… por ello debemos de fijarnos como cuidamos…¿como quieres que te cuiden?