pensiones

La experiencia del retiro no es la misma para todas las personas que se encuentran en esa etapa. Quienes han llegado lo han hecho de diferentes maneras, con diferentes expectativas y utilizando diferentes medios. El término “retiro laboral” o “vejez” tiene significados diversos entre la población de la tercera edad, pero no solo para ellos. Desde la academia han surgido multiplicidad de enfoques para entender la vejez. A partir de un punto de vista más sociológico, se podrían clasificar tales enfoques, grosso modo, en tres corrientes: una corriente cronológica, otra funcional y una tercera llamada de etapa vital. Así pues, mientras la vejez cronológica se refiere al tiempo objetivo que no causa los mismos efectos en todas las personas, la vejez funcional se refiere a las limitaciones que pueden presentar los ancianos; la vejez como etapa vital supone una nueva fase de la vida con múltiples posibilidades de desarrollo (Rizo López, 2007).

La percepción subjetiva de las personas mayores de 65 años sobre la palabra “retiro laboral” y “vejez” también se podría clasificar en tres rubros: neutras, negativas y positivas, que se corresponden medianamente con las tres corrientes descritas. Es notable que la idea del “retiro laboral” suele reunir menores apreciaciones negativas (34%), que la de la “vejez” (47%). Sin embargo, la mayoría tiene un concepto neutro de ambos términos; las apreciaciones positivas, en los dos casos, reúnen la menor proporción de personas adultas mayores.

En cuanto a la edad óptima de retiro también existen diferentes opiniones: 34% considera que la edad adecuada para retirarse debería ser entre los 60 y 64 años; 18%coincidió en que las personas no deberían jubilarse.

Uno de los problemas con esta visión negativa del retiro y la vejez es que se evita pensar en ello. Muchas personas prefieren, como se verá más adelante, ocuparse de los problemas presentes y dejar el futuro, precisamente ahí, en el futuro. Ello provoca que no se llegue suficientemente preparados a esa etapa de la vida. Por ejemplo, 77% dijo no haber planeado nada en ningún momento de su vida. Entre los que sí tenían planes, solo 22% no logró cumplir sus planes al momento de retirarse, 26% los alcanzó a medias y 53% pudo cumplir todos o casi todos los planes que tenían para cuando llegara ese momento. Se debe notar que de ese 53% que cumplió casi todos sus planes, 74% ahorró por iniciativa propia para cuando llegara el momento en el que ya no pudiera trabajar. Por tanto, la planeación es un elemento cardinal para vivir un retiro satisfactorio. Los hábitos de ahorro son fundamentales para el desarrollo económico. Cubrir necesidades, enfrentar imprevistos, asegurar un consumo sostenido y, desde luego, estar mejor preparado para el retiro son algunas de las ventajas de ahorrar.

El ahorro es un elemento fundamental en la planeación para el retiro. En sistemas de capitalización individual, ese hábito es doblemente necesario. A medida que los sistemas de pensiones se mueven hacia estos es- quemas, la importancia de la capacidad de un individuo o de un hogar para tomar las decisiones correctas a la hora de prever su jubilación aumenta considerablemente. Temas como la decisión de acumular riqueza financiera, la forma en que se debe acumular dicha riqueza o decidir cuándo jubilarse y cómo podría afectar el monto de la pensión, son parte de esas decisiones (Banks, 2007). De manera que el ahorro es la variable clave en sistemas de contribución definida. Se espera que la financiación anticipa- da facilite alcanzar cierta seguridad económica durante el envejecimiento (Venti y Wise, 1998).

Fuente:

CONAPO y amAfore (2017). Capítulo 4 en Vejez y pensiones en México Disponible en: http://hdl.handle.net/20.500.12100/17457

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Origen: Crece enojo en Francia por reforma de pensiones | Excélsior

Un punto de partida para comprender la relación entre envejecimiento y seguridad social, específicamente las pensiones, es conocer cómo vive la población en edad de retiro. Ello permite identificar cuáles son las necesidades y características de un segmento poblacional que, aunque es minoría en el presente, representará una proporción importante de la población total en un futuro relativamente próximo. El diagnóstico permite identificar cuáles son los desafíos potenciales que el envejecimiento traerá a la seguridad social y particularmente al sistema de pensiones.

La idea es identificar la capacidad independiente de disponer de recursos, monetarios y no monetarios, que contribuyan a tener una buena calidad de vida. Las personas que gozan de seguridad económica experimentan mejoras en su autoestima, al propiciar el desempeño de roles significativos y la participación en la vida cotidiana como ciudadanos con plenos derechos (Huenchuan y Guzmán, 2006). También, se considera la salud de las personas mayores. Por lo general, la vejez va acompañada de un aumento de padecimientos dado que los mecanismos de defensa se han debilitado y que, en muchos casos, las afecciones psicológicas relacionadas con la vejez pueden traducirse en padecimientos físicos (Pino, Ricoy y Portela, 2008).Se entiende la salud de manera integral, compuesta por elementos físicos y emocionales que forman parte del bienestar de la población adulta mayor. Ciertamente, la salud y el bienestar están íntimamente relacionados con su entorno ambiental y afectivo, así como con su formación y apoyo social. Todo esto incluye la cercanía y seguridad que ofrecen los amigos o la familia, por ejemplo. Asimismo, se examinan las actitudes frente al retiro entre las personas que ya están en esa edad, así como las variables que influyeron positiva o negativamente en alcanzar sus metas. Esto se hace desde una óptica basada en los hábitos de ahorro.

La encuesta Ahorro y Futuro: ¿Cómo viven el retiro los mexicanos?, que se realizó en 2013, consistió en un ejercicio cara a cara con una muestra de 2,111 personas en edad de retiro, entendidas estas como aquellas de 65 años de edad, o más, que han desempeñado o desempeñan algún trabajo remunerado, es decir, que fueron o son población económicamente activa (PEA). El universo objetivo de esta encuesta es la columna vertebral de cualquier sistema de seguridad social en el mundo. El alcance de la encuesta fue nacional. Se estratificó el país por regiones económicas, regiones geográficas y estadísticas sobre población de 65 años o más, para seleccionar ocho entidades de la República y 20 localidades urbanas y semiurbanas en cada una de ellas. Una vez elegidas las localidades, se utilizó un muestreo aleatorio simple para elegir las Áreas Geoestadísticas Básicas (AGEB) en donde se aplicó la encuesta, y un muestreo sistemático para elegir las manzanas y las viviendas. Antes de salir a campo, se llevó a cabo un ejercicio a través de entrevistas cognitivas, con el objetivo de revisar el proceso por el cual los adultos mayores pasan para responder el cuestionario. Ello permitió detectar las dificultades o imprecisiones que podía haber en el instrumento y que afectaran las res- puestas de los encuestados

Situación económica de las personas en edad de retiro

La transición demográfica implica un proceso de envejecimiento acelerado e irreversible. En este sentido, la seguridad social cobra particular relevancia para atender las necesidades de los adultos mayores.

Un primer punto a destacar es que 41% de la población en edad de retiro continúa trabajando. Si bien algunas de estas personas lo hacen para mantenerse activas (16%), la mayoría (83%) trabaja porque necesita un ingreso.

Además, ese 41% de personas mayores que trabajan se dedica principalmente a actividades en la informalidad (55%), como trabajos por cuenta propia, trabajo doméstico, agricultura o elaboración de artesanías. Lo que no permite prever que eventualmente se podrían acoger a su jubilación. En particular, 48% de esa población adulta mayor que aún trabaja no cotiza, ni cotizó, a ningún instituto de seguridad social. Es decir, el retiro laboral en México no es sinónimo de pensión para muchos; de hecho, para algunas personas adultas mayores el retiro no es una opción toda vez que requieren continuar generando ingresos.

En cuanto al acceso a las pensiones, este depende de haber cumplido con los requisitos que establece cada uno de los sistemas de pensiones a los que pudo haber estado inscrito el trabajador. Para la muestra encuestada, se observa que entre quienes sí cotizaron, 66% cumplió los requisitos necesarios para obtener una pensión. Esto quiere decir que 34% no tiene ese derecho, a pesar de haber cotizado en algún momento de su vida. Este resultado es consecuencia de una baja densidad de cotización, es decir, hubo interrupciones de cotización a lo largo de la trayectoria laboral de los trabajadores, lo que no les permitió cumplir con el número mínimo de semanas cotizadas establecidas por ley.

La actividad laboral, las pensiones y los programas de asistencia social están entre las principales fuentes de ingreso económico durante la vejez. A estos dos rubros se suman las redes de apoyo familiar, especialmente la responsabilidad que asumen los hijos de mantener a sus padres en edad de retiro. Durante esta etapa, las ayudas familiares adquieren un significado diferente a las demás etapas del ciclo de vida, debido a que la obtención de recursos para satisfacer las necesidades proviene de fuentes que no siempre son asimilables a aquellas de las restantes generaciones.

En México, 28% de las personas adultas mayores que han trabajado en algún momento de su vida depende económicamente de algún familiar, que por lo general son los hijos, hijas o cónyuge.

Fuente:

CONAPO y amAfore (2017).Vejez y pensiones en México. Disponible en: http://hdl.handle.net/20.500.12100/17457