terapias para mayores

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Se entiende por terapia no farmacológica (TNF) cualquier intervención no química, teóricamente sustentada, focalizada y replicable, realizada sobre el paciente o el cuidador y potencialmente capaz de obtener un beneficio relevante  (Olazarán et al, 2010).

El campo de las TNF es muy amplio, abarca muchas patologías y técnicas de índole física, físico-química, psicosocial, motora y ambiental y pretenden mejorar la calidad de vida de las personas sanas o enfermas.  

Las investigaciones han demostrado que pueden ser tan efectivas o más que el uso de fármacos para mejorar la calidad de vida de las personas con demencia y sus cuidadores y para el tratamiento de algunos de los principales síntomas de esta enfermedad.

Las TNF también son conocidas como intervenciones psicosociales. Las intervenciones tienen en cuenta las necesidades y características de la persona y han de ser supervisadas y desarrolladas por un profesional que realice el asesoramiento, seguimiento y validación de las actividades. No obstante, los familiares o cuidadores pueden realizarlas con materiales de su entorno habitual, que favorecen el mantenimiento de su autonomía, sobre todo en el ámbito del autocuidado (aseo personal, alimentación, etc.), del ocio (juegos de mesa, leer, hacer puzles, ver fotos, etc.), de pequeñas actividades productivas, entre otras, contribuyendo a mejorar su autoestima y su calidad de vida.

Los objetivos terapéuticos del tratamiento no farmacológico son:

– Estimular, mantener o potenciar las capacidades preservadas del usuario.

– Evitar la desconexión con su entorno y fortalecer las relaciones sociales.

– Dar seguridad e incrementar la autonomía del usuario en las actividades de la vida diaria (AVD).

– Estimular la propia identidad y autoestima.

– Minimizar el estrés y evitar reacciones psicológicas anómalas.

– Retrasar o enlentecer la evolución de la enfermedad, mejorando el rendimiento cognitivo y funcional.

– Mejorar la calidad de vida de la persona enferma y sus familiares cuidadores.

Las TNF se pueden clasificar en distintas categorías según:

– El área de la intervención propuesta: área cognitiva, área funcional, área emocional y área integral.

– El grupo diana de la intervención: orientadas a la persona enferma, orientadas al cuidador familiar y orientadas al cuidador profesional.

En la actualidad, hay diferentes recursos donde desarrollan este tipo de intervenciones. Sin embargo, nos encontramos con adultos, niños o familias que no pueden acceder a estos ya sea porque no quieren o porque no pueden. Por ejemplo, por alguna limitación física, por problemas de desplazamientos, por no disponer de un centro específico o del recurso que necesitan en su localidad, por distancias largas hasta los centros de referencia o con escasas combinaciones de medios de transporte público que hacen imposible su asistencia a los servicios que precisan, etc.  Motivo por el que Mas Terapia desarrolla las TNF en el domicilio, centradas tanto en la persona como en sus familiares y/o cuidadores.

Dirigidas a la persona destacamos:

– La estimulación cognitiva.

– El entrenamiento cognitivo.

– La rehabilitación cognitiva.

– Las ayudas externas.

– El entrenamiento en las Actividades de la Vida Diaria.

– La terapia de reminiscencia.

– La orientación a la realidad.

– La musicoterapia.

– El apoyo y psicoterapia.

– Las intervenciones conductuales.

– Las intervenciones sensoriales (estimulación sensorial e integración sensorial).

– El ejercicio físico (psicomotricidad, gerontogimnasia…).

– La relajación.

– La terapia con animales.

– La terapia recreativa.

– Las intervenciones multicomponentes.

– Entre otras.

Orientadas al familiar y/o cuidador:

–  Apoyo al cuidador con información y asesoramiento.

– Educación y entrenamiento de técnicas.

– Asesoramiento y gestión de casos sobre los servicios sociales y sanitarios a los que pueden acceder.

– Cuidados de respiro (ayuda a domicilio, Centro de Día, etc.).

– Intervención multicomponentes (combinación de algunas de las anteriores).

También, entrenamos al cuidador profesional en los cuidados generales e intervenimos en la prevención de sujeciones físicas o químicas, en la búsqueda de alternativas dignas y seguras que permitan reducir las sujeciones físicas, el uso de neurolépticos y de fármacos sedantes.

Las intervenciones buscan los objetivos mencionados anteriormente como aliviar los síntomas, mantener la autonomía de la persona, evitar la desconexión con el entorno, mejorar la calidad de vida de las personas afectadas y la de sus familias, entre otros. Además, al trabajar en los domicilios contamos con las siguientes ventajas:

– Permite llegar a usuarios que no acceden a otro tipo de recursos ya sea porque no quieren o porque no pueden.

– Se ofrece asistencia después de una fase hospitalaria, donde es posible que la persona no esté en condiciones de realizar desplazamientos o esfuerzos. 

– Se logra un mayor conocimiento de la persona, de sus circunstancias y se obtiene información más objetiva ya que se ve a la persona en su entorno habitual y se le puede conocer mejor  como a sus familiares y amigos (entorno).

– La persona suele estar más relajada. El estrés que genera una primera visita a un lugar desconocido se elimina.

– A diferencia de la intervención en consulta o en centros, donde puede haber más regímenes protocolarios, la intervención puede ser más personalizada e individualizada.

– Proporciona comodidad y flexibilidad debido al ahorro de tiempo y de energía ya que hoy en día, debido al ritmo de vida que llevamos las personas, resulta muy difícil ajustarse a un horario determinado que no sea flexible y adaptado a sus necesidades.

– El acercamiento a la terapia resulta más cálido y cercano al estar en un entorno conocido y elegido por ellos mismos.

– Ofrece servicios prácticos y funcionales al enseñar a las personas a alcanzar su máximo nivel de autonomía en sus ambientes familiares.

– Puede dirigirse a necesidades funcionales específicas dentro de contextos únicos y significativos para cada persona, es decir, en ambientes reales y no artificiales.

– Se puede observar la influencia de su contexto natural en el desempeño de las tareas y cómo impacta la discapacidad en ese hogar.

– Se pueden analizar los problemas, las barreras que pueden presentar las viviendas y las complicaciones que provocan en el día a día del individuo. Además de observar las posibles adaptaciones que la persona necesita.

Por tanto, la intervención va a repercutir de manera positiva en la persona y en su entorno.

Si quiere más información acerca de este tipo de terapias, no dude en ponerse en contacto con nosotros en el 687497782 o por e-mail: masterapia.info@gmail.com.

Bibliografía del artículo:

http://www.crealzheimer.es/InterPresent1/groups/imserso/documents/binario/mapayguainiciacintnfalzhparapr.pdf

https://www.ceafa.es/files/2017/05/ManualTNF-1.pdf

Este artículo se publicó originalmente en: http://www.masterapiaenmadrid.com/terapias-no-farmacologicas-en-el-domicilio

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Puede decirse que el juego es una actividad obligada en los centros de día y residencias geriátricas, pues si se toma en consideración lo que Mihály Csikszentmihalyi dice sobre el fluir (1990), pues vale la pena incluir las actividades que han fomentado el fluir en la vida como lo es el juego, las artes plásticas, la música, el baile y las representaciones teatrales. Uno de los juegos de mesa más populares en México es la lotería, el cual se originó en Europa y fue traído por los españoles a México en la época colonial (Holguín, 2017). Como es sabido, la generación de personas mayores que hoy se encuentran en los centros de día, asilos y residencias geriátricas, en México y Latinoamérica, jugaron en su niñez y juventud a la lotería. La lotería mexicana puede catalogarse dentro del guión cultural mexicano como parte de los pasatiempos que los adultos mayores solían tener en su juventud; se sabe que los pasatiempos son evocados como elementos de la memoria autobiográfica y para los mexicanos son recordados como recuerdos gratos (Zaragoza-Scherman et al., 2017).

Es importante hacer uso de estas herramientas terapéuticas de una manera que rebase el simple hecho de solo colocar las cartas sobre la mesa.

Jugar a la lotería, para una persona adulta mayor mexicana va mucho más allá de colocar cartas y fichas. De acuerdo con Caterina Camastra la lotería contribuía a la diversión de los participantes y al lucimiento de quien conducía el juego […] el juego de la lotería ilustra la apropiación y la subversión ideológica que la cultura popular constantemente realiza con respecto a la ideología oficial hegemónica (2006:131,132). Así que jugar a la lotería a inicios del siglo XIX fue visto como un acto subversivo que inyectaba picardía a lo que se intentaba moralizar.

Gritar o cantar la lotería dependía del contexto y de la picardía de la gente. Las coplas con las que se acompaña cada carta son parte de un significado, de un indicador social, lo que se dice cuando se juega es una tradición que obedece a un ritual, puesto que los rituales […] contribuyen a “desordenar” y “ordenar” a esa singularidad que es el hombre, inevitablemente tradicional (Díaz-Cruz, 2000:69); jugar a la lotería ordenaba y desordenaba a la sociedad y es entonces donde se ingresa a la anti estructura o communitas, esos lazos no formales que unen a la gente (Znaniecki, citado en Turner, 1974:57).

No cantar la lotería o emitir coplas descontextualizadas es equivalente a eliminar la anti estructura propuesta por el juego. Posiblemente para un niño que hoy juega lotería el significado de las palabras sea totalmente distinto a quien hoy ronda los noventa años de edad, ya que el niño no comprende que al hablar de una sirena se habla de una anti estructura del siglo XIX, pero la gente que aprendió a jugar con sus abuelos y padres este juego a inicios del siglo XX posee información que ha quedado almacenada en sus memorias más profundas, dato que se ha observado al convivir con personas mayores, quienes al escuchar una copla pícara se sonríen.

Se ha observado que el juego de la lotería se ha resumido a la colocación de elementos visuales y a un uso enfocado en la estimulación de la coordinación motriz, atención, percepción y memoria de corto plazo. Y aunque pareciera ser un juego reminiscente, no se ejecuta de esta maneraEl juego se ha ceñido a unas hojas de cartón, el rito se ha eliminado, posiblemente sin saber que existía.

Comprender la importancia que tiene el juego para la cultura del adulto mayor mexicano puede darnos las pautas para no simplemente colocar las cartas sobre la mesa, sino para orientar a los jugadores, quienes ahora con problemas de memoria requieren de ayuda constante para encontrarle el sentido al juego, a jugar de acuerdo al contexto en el que se desarrolló su vida.

La capacitación del personal que labora en los centros de día para personas mayores con y sin demencia debe de enfocarse no solamente en aspectos médicos, sino socioculturales. Por otra parte es importante entender la existencia de otros juegos locales y regionales para no aplicar siempre la misma herramienta, pensando que todos los mexicanos son iguales. Las diferencias culturales entre la lotería en México y el bingo en los Estados Unidos de Norteamérica no han sido notadas por quienes aún hoy en día venden juegos de bingo y poker en tiendas especializadas en adultos mayores mexicanos, o sugieren juegos de cartas sin hablar de la lotería

Es necesario que para brindar una terapia a las personas mayores con o sin demencia se tomen en cuenta aspectos culturales que involucren a las tradiciones y rituales de la gente a la que se atiende, esto con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas mayores motivando ese estado positivo llamado fluir.

Este texto fue extraído de la tesis doctoral: Diseño de un modelo para la reflexión identitaria de la persona mayor con demencia a través de la cultura material, presentada por Annika Maya Rivero, para obtener el grado de Doctora en Diseño. Puede consultarse completo AQUI.